El primer empleo ha dejado de existir como puerta de entrada al sistema
Un informe encargado por el gobierno británico revela que más de un millón de jóvenes de 16 a 24 años están fuera del empleo, la educación y la formación. Seis de cada diez nunca han tenido un trabajo. En promedio, quienes tienen problemas de salud mental reciben un minuto por semana de apoyo laboral.
El mercado de trabajo ya no genera el punto de entrada que históricamente absorbía a quienes aún no tenían credenciales ni experiencia. La contracción simultánea del empleo de nivel inicial por automatización, reducción del consumo y costos laborales no es una fluctuación cíclica: es la desaparición estructural del primer peldaño. Los sistemas educativos y de bienestar fueron diseñados asumiendo que ese peldaño siempre existiría.
La categoría NEET deja de describir una transición temporal y comienza a describir una condición de desconexión prolongada con consecuencias sobre identidad, salud mental y participación social. El problema no es que los jóvenes no quieran trabajar: el 84% declaró querer hacerlo. El problema es que el sistema de incorporación laboral colapsó antes de que los sistemas de formación y soporte lo detectaran. Cuando la IA elimina el empleo de entrada justo en el momento en que una generación post-COVID emerge con brechas de socialización y experiencia, la desconexión se vuelve autosustentada. Ninguna política sectorial resuelve lo que es, en esencia, un fallo de arquitectura sistémica.
Las instituciones educativas iberoamericanas están formando para un mercado de primer empleo que en varios contextos ya está contrayéndose por las mismas fuerzas. La decisión en riesgo es si los sistemas de educación y formación profesional van a seguir midiendo su éxito por tasas de graduación o si van a redefinir su función como sistemas de inserción activa, incluido el rediseño de qué cuenta como experiencia válida y quién tiene responsabilidad de generarla.
