Después de más de dos meses de aislamiento social preventivo, no han sido pocos los desafíos que han tenido que enfrentar estudiantes, profesores y padres de familia para apoyar la continuidad de los procesos de aprendizaje. La educación, a nivel global, tuvo que volverse no presencial de un día para el otro. Y aunque la tecnología ha hecho que colegios y universidades privadas hayan podido desarrollar una transición rápida y niños y jóvenes hayan podido seguir con su formación, este cambio ha llegado con importantes desafíos.

Microsoft es socio global de Virtual Educa

Algunas instituciones en áreas más vulnerables y las zonas rurales enfrentan retos por el acceso a dispositivos móviles y conectividad y han demostrado que esta será una tarea prioritaria. Microsoft, con sus aliados del programa Airband, está empeñado en ser parte de la solución de conectividad de las áreas más apartadas gracias a su tecnología de Espacios En Blanco (TVWS) que ha conectado escuelas y comunidades en varios departamentos para contribuir a superar las brechas de acceso a la educación, a la salud y ayudar a comunidades rurales a aprovechar los beneficios de la tecnología para mejorar su producción gracias a la agricultura de precisión.

Pero los desafíos de la educación virtual no son solo los materiales. Un tercer elemento, que quizás sea común a todos, es de índole más cultural. Cambiar la mentalidad y la resistencia -natural en todo proceso de transformación- de un modelo presencial milenario ha representado esfuerzos y adaptabilidad. Si bien los estudiantes son nativos digitales, no sucede lo mismo con los docentes. Algunos de ellos aún tenían sus reservas frente al uso de tecnología en las aulas de clase, y para otros, sin embargo, esta ha sido la oportunidad para experimentar fórmulas creativas y resilientes que han conseguido resultados asombrosos.

Dos ejemplos son Katherine Franco de la Institución Educativa José Asunción Silva, en Medellín, y Juan Pablo Caballero, director de la carrera de Ingeniería Industrial de la Pontificia Universidad Javeriana. Debido a sus experiencias ellos asumieron un liderazgo en la transformación no solo de sus propias aulas, sino de sus instituciones en conjunto, y con sus historias dejaron una serie de lecciones aprendidas que serán de gran utilidad.

“Yo les muestro a los docentes las posibilidades de las herramientas en el aula de clases”

Katerine Franco ya era una líder en temas de implementación de la tecnología en las aulas escolares, era parte del programa Microsoft Fellowship, y en 2016 su iniciativa de “Amigos sin fronteras”, con la cual sus estudiantes podían interactuar con expertos y estudiantes de diferentes países fue seleccionada como una de las 50 mejores del Global Teacher Prize 2016. Incluso por su experiencia había sido invitada a participar en el Microsoft Education Exchange (E2) para compartir su experiencia a nivel global. Sin embargo, el avance del COVID19 cambió sus planes y la puso frente a un nuevo reto, liderar la adopción tecnológica del Colegio José Asunción Silva y también a apoyar a docentes de diferentes instituciones en este proceso. Ella resume sus lecciones aprendidas de la siguiente manera:

  1. Entender el contexto. Uno de los primeros pasos que Katerine implementó fue el desarrollo de una encuesta para entender las condiciones de los estudiantes, qué tipo de conectividad tenían, a cuántos dispositivos tenía acceso y con cuántas personas de la familia debían compartirlos. “Esto nos permitió identificar que la mayoría de los estudiantes solo tenían acceso a un celular que era de sus padres, por lo que debíamos adaptar nuestros contenidos a esta realidad”, asegura.
  2. Apoyo y acompañamiento emocional. Además de las brechas de acceso que muchos de las familias de sus estudiantes tenían que enfrentar, uno de los más grande temores era la incertidumbre generada por toda la situación. “Algunos padres de familia tenían miedo de que sus hijos perdieran el año por no estar familiarizados con la tecnología, por lo que lo primero fue tranquilizarlo, y transmitirles confianza para emprender este proceso junto con los estudiantes” asegura Katerine.
  3. Capacitar con ejemplos concretos. Debido a su experiencia previa, Katerine además de capacitar a los profesores de la institución para la que trabaja también ha sido invitada a participar en eventos como el organizado por Mova con el que ha dado charlas para cerca de 2000 docentes, y la red de profesores de matemáticas y la Universidad de Los Andes capacitó a otros 100 docentes en integración de tecnología al aula de clases. “Algo que siempre me ha funcionado muy bien es mostrarles qué puedo lograr con las herramientas, qué capacidades o qué potencial tienen para que ellos se hagan una idea de cómo podrían implementarla en sus clases, es más que solo explicar cómo funciona la herramienta” señala.
  4. Implementación progresiva. Desde que empezó esta fase virtual para su institución, Katerine ha tenido que armarse de mucha paciencia y crear cientos de video tutoriales para los padres de familia y estudiantes. Y este proceso -a pesar de ser dispendioso- permitió que las familias comenzaran a acoplarse a la dinámica con mayor confianza y tranquilidad. Una de las primeras herramientas en las que afianzaron fue el uso del correo de office 365 a través del cual ya están haciéndole consultas directas, luego con el uso de la aplicación en Teams, los estudiantes ya la están contactando a través de esta plataforma también con inquietudes. “He ido incorporando nuevas herramientas como Padlet, presentaciones en Sway y otros elementos, pero muy gradualmente para no generar un estrés innecesario en las familias”, asegura.
  5. Sorprender a los estudiantes a través de la tecnología requiere más trabajo. Sin duda la educación virtual no se trata simplemente de llevar una dinámica presencial a un canal digital, y esta es una de las ideas que Katerine ha querido transmitir en sus capacitaciones. “Es interesante ver cómo por ejemplo se puede cambiar el envío de un simple documento en Word de un taller, por una presentación Microsoft Sway que incluya vídeos, mapas conceptuales, imágenes, y que se asemeje más a un libro con el que los estudiantes pueden interactuar”, afirma. Katherine sabe que es en este punto donde muchos docentes pueden frustrase, por eso los anima a unirse a redes de apoyo de profesores como la de Microsoft y acceder a cientos de cursos gratuitos para ir afianzando sus conocimientos. “La curiosidad es el acelerador más importante en este proceso”.

“La combinación del espacio colaborativo, con la posibilidad de hacerle seguimiento al proceso de cada estudiante, trasforma el rol del profesor al de un mentor”

Juan Pablo Caballero es director de la maestría en ingeniería industrial de la Universidad Javeriana. Debido a que muchos de sus estudiantes tenían responsabilidades laborales además de las académicas, él ya estaba implementado una metodología que estaba ampliando los espacios virtuales en las clases, por lo que la cuarentena no lo tomó desprevenido. Estas son las lecciones que él comparte a partir de su experiencia:

  1. La tecnología puede dar voz hasta al estudiante más tímido. En las clases tradicionales, aún existe la presión social que genera levantar la mano para hacer una pregunta. Esto hace que muchos estudiantes introvertidos o que han tenido una jornada laboral extenuante dejen de preguntar y se pierden oportunidades de aprendizaje para ellos, para sus compañeros y para los profesores. Juan Pablo descubrió que ciertas dinámicas generadas por plataformas como Microsoft Teams, le daban la confianza a más estudiantes de participar.
  2. Los profesores ahora son mentores. Las plataformas como Microsoft Teams, al permitir el libre intercambio de ideas, facilitan la construcción colaborativa en las aulas pero también permiten un seguimiento personalizado de los estudiantes. Esto está transformando el rol de profesor, quien ya no es un docente, sino que se convierte en un mentor de sus alumnos y termina por realizar una labor de acompañamiento.
  3. La autoconfianza de los docentes se pone a prueba. En este momento, los profesores están más expuestos que nunca. La clase ahora también la ven los padres, los tíos, los hermanos”, comenta Caballero. Por ese motivo es esencial elevar la confianza de los docentes en sus conocimientos y en sus metodologías; así como en el uso del ecosistema digital que está funcionando como parte del espacio educativo.

La confianza que logren transmitir los profesores a sus estudiantes es fundamental en el proceso de enseñanza. Esto se logra a través de la exploración y la curiosidad por descubrir las posibilidades de las herramientas digitales y aprender de sus errores.

  1. Naturalizar la educación virtual. La preparación para afrontar los desafíos de la digitalización de la educación permitirá normalizar el ejercicio docente en línea. De esta forma, será posible aumentar la confianza de los profesores y lograr una mejor transmisión del conocimiento. También es necesario adecuar los espacios virtuales para que los estudiantes sientan la confianza en sus maestros. “No todo son diapositivas. Yo personalmente necesito escribir en tablero y es muy diferente hacer ese ejercicio en una tableta, que en un tablero normal”, mencionó. Hay herramientas adicionales en Teams, como la pizarra, que permiten recrear virtualmente este tipo de espacios.

Naturalizar la educación virtual es la clave para mantener la calidad académica a la distancia. Esto implica entrar a profundidad en la capacitación de los docentes en las nuevas herramientas y en cómo la intermediación de la tecnología es necesaria para trasmitir sus conocimientos. De esta forma, los docentes pueden centrarse en las labores como mentores de sus estudiantes; más allá de batallar contra una interfaz tecnológica y empoderar a sus estudiantes a lograr más.