Por Martha Castellanos, vicerrectora académica de Areandina, investigadora y consultora de referencia en innovación educativa.

Llevamos menos de seis meses oyendo, leyendo y tratando de comprender los recientes modelos de inteligencia artificial y ya nos sentimos agotados de tanta noticia y especulación sobre su posible impacto. Aunque en escenarios familiares y sociales se comenta que esos modelos aún no se han terminado de inventar y que les falta mucho para reemplazarnos.

¿De verdad? ¿Es eso cierto? Bueno, pues Bill Gates acaba de afirmar que el sistema educativo cambiará considerablemente en el mediano plazo y que varias profesiones se van a reemplazar por cuenta de la inteligencia artificial. Al mismo tiempo, The Economist publicó recientemente una columna de Yuval Harari en la que advierte que la inteligencia artificial ha hackeado el sistema operativo de la humanidad, ya que la misma puede emular el lenguaje, lo cual podrá hacer que la historia ya no sea escrita por los humanos sino por las máquinas.

Por otro lado, Geoffrey Hinton conocido como el “padrino de la inteligencia artificial” por su amplia trayectoria en su investigación y desarrollo, renunció a Google afirmando que debía exponer los peligros que la humanidad enfrenta ante el rápido avance de estos modelos, advirtiendo que parar su desarrollo, como lo propuso Elon Musk junto con otros líderes, es prácticamente imposible y llegará un momento en el que no sabremos si estamos interactuando con un humano o no.

Debo confesar que escribiendo estas líneas tengo la sensación de estar viviendo una película futurista, casi que los inicios de ‘Terminator’ en los que John Connor era un adolescente y Skynet estaba en sus inicios. Luego, como miembro de una comunidad académica, esta situación me genera mayores reflexiones sobre el tipo de estudiante que debemos formar, sobre todo, para enfrentar las estimaciones del Foro Económico Mundial sobre la posibilidad de que en la próxima década haya más de 1.000 millones de puestos de trabajo que podrían ser transformados por la tecnología.

Este panorama debe motivar al diseño urgente de acciones que mitiguen futuros inadecuados para la humanidad, que concienticen sobre el avance de estos modelos, que fortalezcan nuestra especie y nos conviertan en humanistas digitales para que, desde la ética, comprendamos los límites de su uso, sus debilidades, información inexacta y sesgos.

Luego estamos ante una oportunidad única en el sistema educativo de fomentar que las personas se anticipen a los riesgos y le saquen el mayor provecho a la inteligencia artificial, convirtiéndola en una herramienta que permita solucionar los principales retos que tenemos como humanidad, tales como la eliminación del hambre, la pobreza extrema, las violaciones a los derechos humanos, las brechas de acceso, en vez de usarla para entretenimiento, hacer trampa y escribir ensayos.

Por ello, el desarrollo del pensamiento crítico y la capacidad de discernimiento son competencias fundamentales para fortalecer desde la educación, necesarias para navegar en este nuevo mundo que se complejiza cada semana, siendo el aprendizaje continuo una condición de vida a fomentarse no solo por docentes sino también por padres de familia, desde las primeras edades en las que se inicia el desarrollo emocional y cognitivo.

De tal manera, el aprendizaje continuo deber ser ahora y ya mismo, fortaleciendo el uso adecuado de las tecnologías que genere valor agregado para resolver los desafíos del entorno como humanistas digitales, pues mientras estos modelos están en los titulares y avanzando, nosotros como humanidad no podemos seguir escépticos sin tomar cartas en el asunto, esperando a que llegue un día, ojalá lejano, en el que no haya trabajo alguno para nosotros.


Este artículo fue publicado originalmente por La República. Lea el original aquí.

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