La desigualdad de género en la educación superior sigue siendo un problema universal, indica informe de UNESCO IESALC

Si las mujeres constituyen la mayoría de los estudiantes universitarios, ¿por qué son minoría entre los profesores asociados, los profesores titulares y los catedráticos? ¿Por qué hay menos mujeres investigadoras y autoras con obras publicadas?  Si hay más mujeres que hombres estudiando y graduándose, ¿qué impide que las mujeres altamente capacitadas ocupen la mitad de los asientos en la mesa principal?

Éstas son las interrogantes que se plantean en el Informe Las mujeres en la educación superior: ¿la ventaja femenina ha puesto fin a las desigualdades de género?, presentado el 8 de marzo por el Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) con el objetivo de fomentar el debate político sobre el tema y contribuir a la celebración del Día Internacional de la Mujer de 2021.

El documento revela un rápido aumento del nivel educativo de las mujeres, el cual se ha triplicado a nivel mundial entre 1995 y 2018 en términos de matrícula para cursar estudios de educación superior: en el 74% de los países con datos, así como en todas las regiones, las mujeres están sobrerrepresentadas, excepto en Asia Central y Meridional, donde hay paridad, y en el África subsahariana, donde los hombres están sobrerrepresentados pues hay solamente 73 alumnas matriculadas por cada 100 hombres.

A pesar de este aumento, existe preocupación por la igualdad de género en cuanto a la contratación, retención y promoción de las mujeres en las universidades. Asimismo, en referencia a las desigualdades en la matriculación de mujeres en las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM), los autores señalan que la estructura cultural y los estereotipos han contribuido a identificar las carreras como femeninas o masculinas, aumentando así la brecha. En más de dos tercios de los países, solo menos de una cuarta parte de los estudiantes de ingeniería, producción y construcción o TIC son mujeres (OCDE, 2017).

Barreras y techos de cristal 

Las mujeres chocan profesionalmente con techos de cristal cuando buscan avanzar en su acceso a puestos de liderazgo en la ES. Según UNESCO IESALC, en 2020 solamente un 18% de las universidades públicas de América Latina tienen mujeres rectoras. En el caso de las universidades europeas, según la Asociación Europea de Universidades (AEU, 2020), el 15% de los rectores de las universidades miembros de 48 países eran mujeres, frente a un 85% de hombres, y 20 países no tenían ninguna rectora.

En cuanto a la remuneración, también hay diferencias salariales. En Estados Unidos, el 57% de los estudiantes de enseñanza superior son mujeres, pero el ingreso promedio no ajustado de las mujeres constituye el 78% del de los hombres.  En 26 de los antiguos 28 países miembros de la UE, hay más mujeres que hombres en los centros de educación superior, pero el ingreso promedio no ajustado de las mujeres es inferior al de los hombres en los 28 países.

En cuanto al desempeño en el área de investigación, en 2020 sólo el 30% de los investigadores del mundo en las universidades eran mujeres. Independientemente del creciente número de mujeres que se inscriben en las universidades, muchas optan por abandonarlas en los niveles superiores, que normalmente se requieren para una carrera en investigación. Según informes de la UNESCO, del 53% de los graduados en licenciatura y máster en 2014, la proporción de mujeres graduadas desciende al 44% a nivel de doctorado.

El informe también plantea el problema de la brecha de género en materia de publicación en vista de que los hombres publican en promedio más artículos que las mujeres: 62% frente a 38% (Elsevier, 2020), una situación que se ha visto agravada por la pandemia del COVID-19, con el añadido del confinamiento y el cuidado de niños y mayores.

El informe concluye que, a pesar de que las mujeres y niñas constituyen la mitad de la población mundial, su infrarrepresentación en diversos aspectos es evidente en comparación con la población masculina en las instituciones de educación superior y es obvia en diferentes ámbitos. “A la luz de esto, las instituciones de educación superior deberían hacer un balance de esta situación y servir de plataforma ideal para alentar a las mujeres a convertirse en líderes, aprovechando en última instancia el aumento del liderazgo femenino”.

Planificar para cerrar las brechas de género 

Este documento es un llamado a la acción para que se emprenda una reforma de la educación superior, alineada con la implementación del Objetivo de Desarrollo Sostenible 5° (ODS 5) sobre igualdad de género de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. “Este tipo de investigación aporta pruebas valiosas y oportunas para desarrollar políticas y programas específicos que aborden las necesidades de las mujeres en la educación superior, y para aplicar reformas que sean realmente inclusivas y con una perspectiva de género”, como afirma en el prólogo la Directora General Adjunta de la UNESCO, Stefania Giannini.

Las recomendaciones dirigidas a los gobiernos y las escuelas apuntan a la puesta en marcha de un procedimiento para disminuir la discriminación contra las mujeres en la educación, por ejemplo, combatiendo los estereotipos. También se refieren a intervenir en políticas y aplicar dichas políticas para aumentar las oportunidades que tienen las generaciones actuales de mujeres y así evitar las desventajas que sufrieron sus padres como, por ejemplo, las cuotas en la educación terciaria para estudiantes pertenecientes a grupos vulnerables, la ampliación de las becas y las transferencias de dinero, así como el acceso gratuito a la educación primaria, entre otras.

Entre las recomendaciones más específicas dirigidas a las universidades y los gobiernos se encuentran: la recopilación y el intercambio de datos sobre la participación femenina en la ES, la aplicación de políticas y programas de diversidad para aumentar la plena participación de las mujeres en la ES, los programas de mentoría y empoderamiento de las mujeres para alcanzar puestos de liderazgo. También abordan la prevención y la respuesta a la violencia contra las mujeres, las iniciativas y los programas para ayudar a las estudiantes a tomar decisiones informadas, libres de prejuicios de género, en relación con sus futuros campos de estudio y carrera, y también para desarrollar estrategias que apunten a aumentar la participación femenina en carreras tradicionalmente dominadas por los hombres, incluyendo la orientación profesional para desmontar las falsas imágenes de las carreras CTIM y su conexión sesgada con los estereotipos de género.

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