Uno de los momentos más esperados del X Foro Multilateral de Educación e Innovación Virtual Educa fue la conferencia de Francesc Pedró. El director del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (UNESCO-IESALC) ofreció un panorama de la realidad actual de la Educación Superior en la región y, de cara al futuro, habló sobre las ventanas de oportunidad que la tecnología ofrece para transformar los aprendizajes en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial.

Universalización y tecnología llegaron para quedarse

La primera buena noticia es que América Latina ya cuenta con cuatro países que han alcanzado la fase de universalización de la educación superior. Ellos son Argentina, Chile, Perú y Uruguay. Los restantes de la región -con las excepciones de Honduras y El Salvador- alcanzaron la fase de masificación. “Por tanto –señaló Pedró– tenemos que imaginarnos un futuro donde la mayoría de jóvenes optará por continuar estudios de educación superior”.

Sin embargo, cuando miramos al interior de las aulas universitarias, las cosas no parecen haber cambiado tanto. Todavía existen algunas prácticas que siguen siendo atávicas en la educación superior y que nos remontan al siglo IX. “Uno de los principales esfuerzos que deben hacer los docentes es captar el interés y la atención de los estudiantes, en buena medida porque lo que les están explicando es relevante, o sino cambiando efectivamente la forma en la que se enseña y se aprende”.

En este sentido, Pedró explicó que “el panorama está cambiando y lo está haciendo de la mano de la tecnología». Como ejemplo, citó el caso de Europa, donde numerosas universidades –de las más tradicionales– ya están ofreciendo cursos híbridos, combinando la modalidad presencial con la educación a distancia.

Ventanas de oportunidad: aprender más, mejor y distinto

Si bien, la falta de datos nos impide saber cuánto aprenden los estudiantes universitarios, lo que sí sabemos es que existen unas brechas importantes entre la cantidad de estudiantes que inician sus estudios y los que efectivamente se gradúan. ¿Puede la tecnología ayudar a solventar este problema? Efectivamente, sí puede. Y, para el director del IESALC, esta es la primera ventana de oportunidad. “Con mecanismos más flexibles de certificación y mecanismos más eficientes de aprendizaje tal vez podamos conseguir que una mayor proporción de estudiantes culminen con éxito su paso por la universidad”.

La segunda oportunidad es la de conseguir aprender mejor, aprovechando la confianza creciente en los cursos a distancia, con preferencia en la hibridación. “La gente ya no piensa que la educación a distancia sea un tipo de formación de segunda oportunidad, sino que está comenzando a pensarla como la opción mayoritaria. El porcentaje de estudiantes que les gustaría tener una formación universitaria con componentes de presencialidad y componentes online aumenta de forma imparable”.

Aprender distinto es la tercera ventana de oportunidad que tenemos hoy. “Los programas universitarios ya tienden a centrarse menos en los contenidos y más es las competencias. Las empresas están pidiendo que los graduados sean capaces de resolver problemas, trabajar en equipo y comunicar bien”, señaló Pedró, quien se inquietó al reconocer que, frente a estas nuevas demandas, “nuestras maneras de enseñar, aprender y evaluar estas habilidades sigan siendo inexistentes”.

Las tecnologías que pueden ayudarnos: aprendizaje móvil, métricas, blockchain e inteligencia artificial

El IESALC ha detectado cuatro grandes palancas de cambio. La primera es el aprendizaje móvil, un recurso tecnológico sobre el que la UNESCO viene trabajando desde 2010. En los Estados Unidos, la mitad de los estudiantes universitarios ya contaban en 2016 con una computadora portátil, un teléfono inteligente y una tableta electrónica. Esta es una tendencia imparable que también se observa en América Latina y que, según Pedró, “implica que las universidades deben dejar de invertir en equipamientos y, en cambio, deben hacerlo mucho más en conectividad”.

“La utilización de dispositivos móviles es una enorme oportunidad que ya está en los bolsillos de los estudiantes. Debemos analizar estrategias para descubrir las potencialidades y los límites de esta herramienta, y aprovecharla para favorecer mecanismos de aprendizaje que tal vez sin ella no estarían a nuestra disposición”.

Un segundo elemento importante son las métricas de aprendizaje en la universidad. Las instituciones de educación superior ya cuentan con plataformas de comunicación, formación y de apoyo al aprendizaje. El siguiente paso, es recoger datos cruciales de esas plataformas y generar con ellos cursos recomendados de actuación para los docentes. “Vemos un gran futuro en estas métricas que nos permiten recordar que aunque en un aula tengamos 25, 50 o 150 estudiantes, no tenemos 150 estudiantes con el mismo perfil, sino que tenemos 150 individuos con expectativas y necesidades totalmente diferentes. En el mejor de los escenarios, a partir de las métricas, cada uno de ellos tendría una atención individualizada”, señaló Pedró.

La tercera palanca de cambio es la tecnología blockchain, que se caracteriza por ofrecer una seguridad infranqueable. “Tal vez pueda ayudar a las universidades a generar mecanismos de certificación, no sólo de la terminación de los estudios, sino efectivamente de la consecución de logros de aprendizaje. Es decir, que allí donde vaya el estudiante podrá ser seguido por un mecanismo de certificación de máxima seguridad que será reconocible por cualquier otra universidad o centro de educación superior que utilice esa tecnología”, explicó el director de IESALC.

La inteligencia artificial es el cuarto elemento tecnológico que puede transformar la educación superior. Pedró relató algunas experiencias sorprendentes, y otras cuestionables, que ya son realidad en las universidades públicas de China, donde los rectores se consideran parte de un “sistema gobernado por el Estado que debe producir una serie de mecanismos de inteligencia artificial que deben ‘mejorar la calidad de vida de los ciudadanos’ y, lógicamente, su productividad”.

La UNESCO dedica muchos esfuerzos para garantizar que los desarrollos futuros de inteligencia artificial cumplan con exigencias éticas y sirvan decididamente al objetivo de hacer la enseñanza y el aprendizaje, paradójicamente, más humanos. Para ampliar esta cuestión, Pedró recomienda la lectura del Consenso de Beijing sobre la inteligencia artificial y la educación, el primer documento que propone consejos y recomendaciones sobre cómo sacar mayor provecho de las tecnologías de inteligencia artificial con miras a la consecución de la Agenda 2030 de Educación.

Promesas para docentes y estudiantes

Como resultado de la aplicación de estas tecnologías en la educación superior, Pedró señaló algunos de los impactos que tendrían en los docentes y en los estudiantes.

Para los profesores, significaría una importante liberación de las tareas rutinarias, además de que contarían con elementos de asistencia directa y métricas para monitorear y evaluar los aprendizajes. Pero lo más importante, sería la posibilidad de “detectar precozmente estudiantes que están en riesgo de fracaso o en riesgo de abandono”.

Para los estudiantes, estas tecnologías podrían cambiar radicalmente la experiencia de aprendizaje a partir de la posibilidad de recibir un feedback inmediato sobre su avance en los estudios. Un segundo elemento estaría dado por la personalización del aprendizaje. “Podríamos estirar al máximo la capacidad de todos y de cada uno de los estudiantes, a la par que ofrecemos a cada uno de ellos individualmente lo que mejor puede ayudarle a llegar a su objetivo”. La tecnología también impactaría en la flexibilidad de los estudios. “La combinación de modalidades distintas, la mayor confianza en la hibridación y en la educación online, nos va a llevar a contextos de mucha mayor flexibilidad. Y precisamente por eso necesitamos también el refuerzo de mecanismos de acreditación y de evaluación como blockchain”.

El resultado esperado: mayor interacción de calidad docente-estudiante

Para la UNESCO, en definitiva, las promesas de la Cuarta Revolución Industrial en relación con la educación superior deben ayudar a que la tecnología haga todo aquello que nos impide dar un trato personal a cada uno de los estudiantes.

“El resultado esperado de lo que sería la Cuarta Revolución Industrial llevada a las aulas universitarias no tiene que ser otro que conseguir humanizar más los procesos de enseñanza y aprendizaje. El secreto del éxito no radica en la tecnología, sino en el diseño pedagógico. Debemos conseguir diseñar entornos de aprendizaje donde la tecnología maximice las oportunidades al servicio de todos y cada uno de los estudiantes. En segundo lugar, debemos esforzarnos en generar datos. En Educación, todavía tenemos mucho que avanzar para conseguir que toda nuestra retórica acerca de lo que querríamos que fuera el futuro se acompañe de mediciones adecuadas que nos ayuden a saber de dónde partimos y hacia dónde estamos yendo”, concluyó Pedró.