¿Las democracias están en riesgo? Las noticias falsas parecen propagarse a un ritmo exponencial, debilitando la toma de decisiones de las personas, especialmente durante los períodos electorales. ¿Son una amenaza al derecho a la información? Simultáneamente, en Latinoamérica y en el mundo se multiplican los reclamos sociales y las convulsiones políticas. ¿Qué rol juegan las redes sociales? En busca de algunas respuestas, dialogamos con Roberto Heycher Cardiel, director ejecutivo de Capacitación Electoral y Educación Cívica del Instituto Nacional Electoral de México (INE).

¿Cuáles son los mayores desafíos de la democracias hoy? ¿Cómo ha impactado la tecnología y las redes sociales en el juego democrático?

Hay varios desafíos que han erosionado las democracias. Uno es el fenómeno de la desinformación diseminada a través de las nuevas tecnologías, principalmente las redes sociales, donde cualquier persona es libre de publicar cualquier cosa, lo cual intrínsecamente no es malo. De hecho, la libertad de expresión nos parece que es uno de los componentes básicos de toda democracia, nomás recordemos lo que ha ocurrido en la Primavera Árabe donde las redes sociales fueron un elemento clave para la movilización social, particularmente de los más jóvenes. Sin embargo, también tiene un lado negativo que se relaciona con la divulgación y el impacto que pueden tener las noticias falsas, la desinformación o propiamente las mentiras.

Las noticias falsas pueden debilitar la autonomía de las personas para tomar decisiones. Esas noticias falsas se pueden diseminar por acción involuntaria, de manera orgánica, pero también pueden obedecer a una estrategia que busque manipular la decisión de las personas. El gran riesgo para la democracia es la manipulación de la voluntad de la gente. Ante este panorama, se identifican dos visiones: una que intenta regular las redes sociales -poner candados, censurar, eliminar la información que considera no apegada a la verdad- y otra que apuesta a la construcción de una ciudadanía digital en torno a las responsabilidades en el uso de las redes, para que las personas cuenten con la capacidad de identificar cuando se está en presencia de una noticia falsa o de una información desfasada o de un referente no válido.

«La construcción de capacidades como identificar noticias falsas, tomar responsabilidad por lo que se publica, incidir en la vida pública a través del uso de las redes sociales con contextos de exigencia son piezas fundamentales de la configuración de la nueva ciudadanía», sostiene Roberto Heycher | DANNY CARDONA – VIRTUAL EDUCA

¿Qué implicancias tienen estas dos visiones o soluciones?

En aquella que tiene que ver con la regulación, se corren grandes riesgos. Primero, podría vulnerarse la libertad expresión, que es un elemento básico para las contiendas democráticas, no solamente en el marco de las elecciones, sino también en la la vida cotidiana de las democracias donde la exigencia ciudadana es básica para mantener a los gobiernos con los límites de poder que se requiere tener; y además para propiciar la acción pública por parte de los ciudadanos. Reglamentar el uso de las redes limitaría la libertad de expresión, lo que conllevaría efectos muy perniciosos. Y hay otro problema: quién va a decidir cuándo una noticia es cierta o es falsa, quién va a ser el censor. ¿Las plataformas? ¿Les vamos a ceder ese poder a Facebook, Twitter o Google? O peor aún, ¿tendrá un gobierno ese poder?  En el marco de la estructuración de esta posible solución, creo que un elemento clave es entender el origen del problema. Y el problema no proviene de la regulación, sino de la práctica del uso de las redes. Otro problema que acarrea la regulación es que no es factible ponerle límites a la red. En el momento en que se cancela una cuenta que disemina noticias falsas, casi inmediatamente surge una o mil cuentas espejo. Es poco viable poder contener el uso de las redes, salvo que se cierre la llave de internet, lo cual nos llevaría a una dinámica de inviabilidad en un estado democrático de derecho.

Analizando estas implicancias, en el INE hemos decidido adoptar la segunda visión, que busca fortalecer la autonomía de las personas a partir de darles herramientas para identificar noticias falsas. Creemos en una solución que genere conciencia sobre el uso de las redes para que sea la propia cultura de las personas la que pueda ser capaz de contener el impacto de las noticias falsas y tomar sus propias decisiones con la mejor información y juicio posibles, entendiendo que hay y habrá intentos de manipulación.

Este enfoque también requiere condiciones estructurales. Por ejemplo, en el caso de las elecciones en México se optó por implementar un mecanismo llamado Certeza cuyo objetivo era verificar, aportando evidencia, los datos que se presentaran en torno a noticias falsas o a desinformación. Con presencia en campo en todo el territorio nacional, pudimos rebatir noticias falsas en un lapso máximo de cinco minutos. Certeza realizó una muy buena sinergia con la iniciativa ciudadana Verificado 2018, una agencia de fact checking conformada por periodistas de diversos medios.

Es muy importante que estas herramientas de verificación de datos y hechos funcionen sobre todo durante los períodos electorales…

Así es. Y en todo el territorio del país. Para el INE ha sido muy importante porque una noticia falsa o la desinformación puede ocasionar una merma sensible en la legitimidad de los procesos electorales particularmente, pero no solamente en estos períodos sino en la democracia en su conjunto. Tener estas clases de herramientas es fundamental cuando se decide apostar por la cultura de una ciudadanía digital.

¿Qué otras soluciones se aplicaron para fortalecer la autonomía de las personas en el proceso electoral? 

Se realizó un convenio con las principales plataformas de redes sociales: Google, Twitter, Facebook. Con ellas logramos un acuerdo para proporcionar información certera respecto al proceso electoral, amplificar los elementos de información que fueran necesarios y construir herramientas físicas que aportaron a los ciudadanos información pertinente para la toma de decisiones. Estos acuerdos fueron muy importantes para nosotros porque nos permitió aportar información certera a través de los mismos canales que se utilizan para desinformar.

¿Trabajaron con los logaritmos de las diferentes redes sociales para que la información verificada alcanzara o sobrepasara el alcance de las publicaciones falsas?

Así es. Y la tarea de Verificado 2018 fue fundamental para ello. En las redes sociales se disemina desinformación y las organizaciones tradicionales por costumbre intentan detener esa desinformación con conferencias o boletines de prensa. Eso no funciona. En cambio, utilizar el mismo canal por donde se disemina la desinformación para insertar la información adecuada con evidencia que dé cuenta de ello, ese sí es un medio propicio. Estos métodos de combatir la desinformación ya son una herramienta básica para el INE y creemos que debe serlo para todo tipo de organizaciones públicas y gobiernos.

¿La participación en las redes sociales agota el ejercicio de la ciudadanía? ¿Con opinar en Twitter es suficiente?

Evidentemente, no. Las redes son un mecanismo importante para elevar contextos de exigencia a las autoridades o para hacer un tipo de propuesta que nosotros llamamos el marketing inverso o la alternativa a las campañas electorales. Cuando un partido político planeta en campaña un conjunto de propuestas lo hace basado en el estudio de los nichos del mercado electoral. Para ello, los partidos catalogan y clasifican a los electores y lanzan sus estímulos de campaña en torno a lo que creen que diferentes segmentos de la ciudadanía desea escuchar. Nuestra lógica es inversa: ¿cuál es el mercado de candidaturas? ¿Hay cinco candidatos? Pues bien, ahora les vamos a preguntar lo que nosotros queremos saber. Preguntas concretas y directas, sin intermediarios. Este es un recurso que nos ofrecen las redes sociales y que se puede utilizar de manera muy efectiva para fortalecer las democracias. Como dice el presidente del INE, Lorenzo Córdova, las redes sociales son un importante elemento para contribuir al debate democrático, sin embargo no son un sustituto del voto ni tampoco de la construcción de las decisiones públicas. Es ahí donde el involucramiento tiene que darse. Es decir, las redes sociales han sido capaces de quitar presidentes o acabar con un régimen como sucedió en Egipto, pero no han sido capaces de crear la sostenibilidad de las democracias. El mejor ejemplo son los países de la Primavera Árabe, donde prácticamente ninguno de ellos hoy tiene una democracia después de provenir de un movimiento iniciado en las redes.

Entonces, ¿cuáles serían los elementos constitutivos de la ciudadanía digital?

La construcción de capacidades como identificar noticias falsas, tomar responsabilidad por lo que se publica, incidir en la vida pública a través del uso de las redes sociales con contextos de exigencia son piezas fundamentales de la configuración de la nueva ciudadanía. Son las nuevas habilidades necesarias para relacionarse en lo público. Si lo que buscamos es crear las condiciones para que la ciudadanía se apropie del espacio público, tenemos que crear estas capacidades y fortalecer estas habilidades para que pueda involucrarse cada vez más en la toma de la dirección social. Además, internet y las redes sociales, al ser mecanismos de información tan potentes, modifican el balance de las cosas entre ciudadanos y gobiernos. Hoy, prácticamente cualquier persona puede tener mayor capacidad en términos de información y de búsqueda de soluciones que cualquier agencia de gobierno o al menos igual. Por ello, a la hora de tomar decisiones públicas, cada vez se van a requerir más espacios y mecanismos de gobernanza donde las opiniones de la gente informada sean capaces de incidir en la dirección social. Pero también deben existir limitantes a esto. Los mecanismos de participación deben ser perfectamente claros, legales y legítimos porque, de lo contrario, se puede afectar de una manera muy importante la dirección que toma una sociedad. El falso discurso de que a mano alzada le preguntemos a la gente si está a favor o en contra de determinada situación puede poner en riesgo a la democracia. Imaginemos solamente que un día a alguien se le ocurra preguntar a la gente sobre desmontar un derecho humano a mano alzada y la gente opine que sí.

Esta clase de prácticas podrían vaciar de poder a las instituciones…

Absolutamente. Por eso, esto va contra la democracia. La democracia no es solo la decisión de las mayorías. Un marco democrático de ejercicio del poder tiene que ver con el respeto a los derechos humanos y la construcción de las condiciones que hagan posible la distribución y la división de los poderes. Este binomio es fundamental para las democracias. Y no se puede desmontar por un supuesto monopolio de la voz del pueblo. Es muy importante formar a las mayorías para que tengamos conciencia de estos límites.

¿Podríamos establecer la ciudadanía digital como una de las habilidades del siglo 21?

Sin dudas. Es una habilidad necesaria no solamente en el futuro, sino en el presente. Imaginemos que la irrupción de las redes sociales y las nuevas tecnologías fue como la introducción de los vehículos motorizados. Cuando se inventó el automóvil, con una visión de ir más rápido, sucedieron los primeros accidentes a causa de la velocidad. Al ocurrir las primeras muertes, se inventaron los cinturones de seguridad. Entonces los autos pudieron ir más rápido y los cinturones dejaron de ser una medida de protección suficiente. Tuvimos entonces la necesidad de crear el mecanismo de bolsas de aire… Esta evolución es clave para entender que ahora, que tenemos estas tecnologías exponenciales de la información, es necesario crear estos cinturones de seguridad. Pero estos cinturones no deben crearlos las empresas ni las plataformas, sino los ciudadanos. Es hora de enseñar al cerebro lo que el estómago aprendió hace mucho: a desechar todo aquello que le hace mal. Entonces, sí es una habilidad fundamental, sin que eso signifique perder de vista la sustancia de la propia democracia qué es el respeto a los derechos humanos y la empatía con el otro, Debemos tener en mente todas las habilidades socioemocionales porque finalmente las redes son amplificadores de todo, de lo bueno y de lo malo. Si tu odias, amplificarás el odio. Si eres una persona respetuosa, amplificarás el respeto. En las redes sociales está la amplificación de lo que somos. Entonces, hay que fortalecer lo que somos y recordamos algo muy básico: la democracia nos permite vivir en paz, de manera civilizada, y nos ofrece el mejor camino para resolver problemas comunes y desafíos colectivos; es un mecanismo de inteligencia colectiva y, como tal, requiere de herramientas. Las redes sociales son una de ellas.

Hasta aquí, lo que se refiere a los ciudadanos. Pero en el INE también están trabajando directamente con los políticos. Recientemente lanzaron la Escuela de la Buena Política, con la colaboración de Virtual Educa. ¿En qué consiste esta iniciativa?

La Escuela de la Buena Política es un proyecto importante que se inscribe en el marco de la Estrategia Nacional de Cultura Cívica 2017-2023 (ENCCIVICA), que es un plan para mantener y recuperar el estilo de vida democrático, reduciendo la brecha entre los ciudadanos y la toma de decisiones. Bajo esta lógica, uno de los actores clave -además de los ciudadanos- es la clase política, que no es más que la ciudadanía cuando gobierna. La Escuela no es un espacio de educación en términos tradicionales sino una invitación al intercambio de experiencias, un espacio de coincidencia donde los partidos políticos puedan compartir su porción de verdad y puntos de vista diferentes para lograr, en un marco de deliberación, construir soluciones colectivas. El llamado está abierto a dirigentes, legisladores, profesionales de la política y académicos con la idea de plantear grandes reflexiones en torno a los retos de las democracias, las soluciones que tenemos al alcance y al rol que tienen los propios partidos políticos.

En el primer encuentro que se desarrolló en la Ciudad de México, el INE encontró en la sociedad con Virtual Educa la posibilidad de acceder a disertantes que aportaron valor, a través de sus visiones y experiencias, y que nos ayudaron a generar reflexiones junto a líderes y dirigentes políticos, permitiendo un intercambio entre los partidos políticos a otro nivel. No estaban allí discutiendo cuestiones legislativas ni asuntos de administración pública ni cuestiones partidarias internas, sino que estaban debatiendo sobre los grandes temas de la política. En ENCCIVICA, donde somos socios con Virtual Educa, consideramos que el proyecto de la Escuela de la Buena Política puede tener una valía regional muy importante.

Seminario sobre fortalecimiento democrático y presentación de la Escuela de la Buena Política

Es un proyecto de intervención que busca abrir conservatorios, deliberar, generar soluciones con el uso de la inteligencia colectiva de los participantes. Lo imaginamos como un espacio permanente de intercambio de ideas, que también estará acompañado por una plataforma donde los políticos podrán acceder a contenidos y fortalecer su accionar en la vida pública. Es una Escuela porque invita a pensar, reflexionar y luego actuar. Y de la Buena Política porque en el centro está el interés colectivo y una dinámica de pensamiento colectivo.

El primer encuentro fue muy bien recibido por parte de los partidos políticos porque existe la necesidad de salir de la coyuntura y discutir los grandes temas. Paradójicamente, en la era de la información lo que más necesitamos son espacios de encuentro.