El aprendizaje afectivo resultará más efectivo

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La humanidad ha evolucionado. La sociedad en este siglo XIX es más dinámica. De ambos asuntos todos están conscientes y actúan conforme a ellos. Sin embargo, los resultados en el aprendizaje de las generaciones más jóvenes no han evidenciado adelanto sustancial en las competencias globales. La mayor cantidad, la más rápida velocidad y el mejor acceso a la información que se tiene en la actualidad, no ha resultado en una mejoría de la ejecución de los estudiantes, ni en una sociedad más exitosa. La actual es una humanidad con más fracasos, desorganización, frustración, sufrimientos e intolerancia. ¿No será que el tornado de la humanidad ha desechado el elemento esencial para el aprendizaje? ¿Acaso los docentes se han transformado en suplidores de mercancía?

por Santiago Mendez Hernandez, Puerto Rico Regional Center Director/ Campus Leader, Cambridge College

De acuerdo con varios autores, las nuevas generaciones deben apoderarse de las competencias globales. Yong Zhao, presidente y decano adjunto de la Facultad de Educación de la Universidad de Oregón sostiene que la creatividad y el espíritu emprendedor deben ser enfatizados en los salones de clases. Por su parte, para Neus San Marti, profesora emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona, sin conocimientos no hay competencia; por lo que se debe enseñar a encontrar el placer en el conocimiento. En tanto, la psicóloga social Dolors Reig, experta en social media que dirige un espacio de publicación diaria y academia de formación en línea, opina que es necesario enseñar a las personas a aprender durante todo el ciclo de la vida.

Entonces, si estamos conscientes, ¿cuál será un factor significativo que continúa afectando y haciendo inefectivo al proceso enseñanza aprendizaje? Pues, en efecto, se trata del afecto. El tornado de la humanidad ha transformado a los docentes en motores de transmisión de información. Paulo Freire estaría muy enojado ya que se conoce que la educación debe ser liberadora, pero realmente no se practica.

Al leer libros como el de los autores Frey, Fisher y Smith (2019); así como el de Milicic, Alcalay, Berger y Torreti (2014), el docente apasionado se estremece al reconocer que está abandonando el aprendizaje social y emocional, y que por esa razón posiblemente no está siendo tan efectivo como ambiciona. Este fundamenta su pesar en el hecho de que los autores coinciden que para ser más efectivos debe retomar el aprendizaje con afecto, con demostración de amor hacia el educando.

Por un lado, Milicic et al señalaron que, en las últimas décadas, diversas investigaciones resaltan la importancia del aprendizaje socioemocional en la esfera afectiva, el rendimiento académico y el bienestar general de los niños y adolescentes. Para estos autores, el rol del docente es esencial. Sin embargo, critican que los sistemas educativos no están capacitando a los docentes para que enseñen con la incorporación de este tipo de estrategia.

Frey y otros reconocieron que los sistemas educativos actuales están diseñados para demostrar éxito mediante clasificaciones y posicionamientos; las famosas medidas de ejecución. Eso es muy lamentable porque promueve sentido de insensibilidad, de automatización, de preparación para la producción en masa. Pero la realidad es que no se ha demostrado efectividad. Los autores recopilaron las posturas de exponentes del tema reconocidos como lo son Elias, Weissberg, Pachan, Durlak y otros. Todos coincidieron en que la educación efectiva es aquella que incorpora las competencias de reconocimiento y manejo de emociones, establecimiento y logro de metas positivas claras, aprecio de las perspectivas de otras personas, establecimiento y sostenimiento de relaciones positivas con otras personas, tomar decisiones responsables, y diligenciar situaciones interpersonales de manera constructiva.

Esta es la razón por la cual Frey, Fisher y Smith (2019) recomendaron un currículo que integre esas competencias de aprendizaje socioemocional. Para ello, según los autores, los educadores deben ser sensibles y demostrarlo, reconocer los éxitos de sus alumnos y acompañarlos en sus fracasos, y ser ejemplos de entereza, valentía y respeto por los demás. En fin, dada a la realidad actual, los autores recomiendan que los docentes se capaciten para que fortalezcan sus competencias de inteligencia emocional.

No cabe duda de que algo se está haciendo inadecuadamente en los centros educativos de las distintas partes del planeta. Es por esta razón que los autores citados apuntaron que se debe retomar el afecto en el proceso de enseñanza aprendizaje. Se debe tomar acción inmediata y no conformarse con reflexionar de este asunto. Si no se está preparado, se debe buscar capacitación. Si los sistemas educativos no proveen dicha capacitación, es una gestión individual ineludible del docente. Hacerlo es imperativo para que se prevenga que el tornado de la humanidad arrase y desaparezca la razón esencial del ser humano.


El autor es director académico y campus leader de Cambridge College Puerto Rico.