Nos enseñaron que debemos tener conocimientos para hacer algo de nuestras vidas que nos permita, llegado el caso, ser alguien. Esta lógica del tener para hacer y hacer para ser es la que propone invertir Scholas, con un modelo que educa a partir de la escucha del ser. Para conocer más, entrevistamos a José María del Corral, teólogo, pedagogo y director mundial de Scholas Occurrentes, la fundación creada por el papa Francisco cuando era arzobispo de la ciudad de Buenos Aires y que hoy llega a 500 mil escuelas en 190 países.

«Debemos como educadores escuchar a los jóvenes y volver a poner el centro en el ser», dice José María del Corral.

¿Qué es lo mejor que podemos ofrecerles a los niños y jóvenes para que puedan desarrollarse en un futuro que genera incertidumbre?

Vengo recién de estar en un programa de televisión con jóvenes, junto a un estudiante que quiso quitarse dos veces la vida y dijo al aire: «a partir de la experiencia que viví con Scholas descubrí que tenía una segunda oportunidad».  Los chicos no están queriendo tener más información, ni tampoco quieren simplemente competencias, ellos quieren ser. Volver a poner el centro en el ser y considerar que ese ser es dinámico -se están haciendo, están siendo- creo que es el grito de los jóvenes. Por eso, ellos no quieren simplemente tener. Incluso los que más tienen -puedo contarte el caso de jóvenes de Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Japón- están hartos de ese vacío. Y ese vacío es al que no estamos respondiendo. Para que haya una habilidad del siglo 21 tiene que haber primero un chico del siglo 21. Y un chico del siglo 21 es un chico que quiere ser.

En algún momento hemos dejado de escuchar a los jóvenes. El sistema educativo dejó de escucharlos. ¿Cómo sucedió esto y cómo podemos revertirlo?

Creo que los dejamos de escuchar cuando pensamos que ellos son un medio y que lo que debemos hacer es llevarlos a la fábrica o cuando los pensamos como un perfil de egresado y les ponemos un promedio. Porque entonces les negamos la existencia. ¿Existe el 2 o el 10? ¿El 7? ¿El 6,27? Yo nunca me crucé con ellos. ¿Dónde están los perfiles? Tampoco nunca me los crucé. Sí, me encontré con Horacio, abracé a Matías, charlé con Verónica… El perfil nunca lo tuve. Como tampoco tuve perfiles de docente. Hay un grito, un llamado distinto. Y a veces no lo vemos. Estamos tan distraídos, tan automatizados… y culpamos a la tecnología. ¡Pero si la tecnología es a veces mucho más humana que nosotros! Nosotros estamos robotizados. Y los chicos nos están diciendo «¡paren, paren!».  Ellos nos dicen, «deja papá, deja mamá el teléfono un segundo». No son ellos los que están con la tecnología todo el tiempo, somos nosotros. «Paren y escuchen» es el grito. Cuando un adolescente se droga o una joven sufre anorexia, o se producen hechos de violencia juvenil, cuando un chico comete la locura de poner una bomba… lo que queda en evidencia es que desde arriba nos están dividiendo y matando, están generando odio. Y los chicos, desde abajo, están queriendo encuentro. Son dos lenguajes completamente diferentes.

José María del Corral firma en Ciudad de Panamá el acta de adhesión a la coalición liderada por el Banco Interamericano de Desarrollo para promover las habilidades del siglo 21 y apoyar la implementación de una nueva generación de políticas de educación y capacitación en América Latina y el Caribe | DANNY KARDONA – VIRTUAL EDUCA

Es el llamado que hace el papa Francisco a generar una cultura del encuentro.

¡Claro! El Papa nos dice cómo vamos a generar la cultura del encuentro si esto no de educa, si seguimos dividiéndonos y segregándonos por cuestiones culturales, religiosas, raciales, de nivel socioeconómico, de clase social, de colegio público o privado… Y si cada uno se mantiene dentro de estas divisiones, cómo vamos a encontrarnos con el otro que es distinto. Es imposible. Entonces, los chicos nos dicen: «para nosotros lo distinto no se tolera, se ama».

La experiencia de San Antonio de los Cobres, en Argentina, con su «Puente de las Soluciones» donde los adolescentes se suicidaban es un cuadro terrible. ¿Qué es lo que encontraron allí?

Treinta adolescentes se suicidaban por año en una población de 7 mil habitantes. Lo que encontramos allí es este grito del que estamos hablando: «estamos solos, escúchennos». Los chicos del pueblo que intentaban probar suerte en la ciudad, les iba todavía peor: los explotaban, los abusaban, volvían todavía más rotos y sentían que no tenían salida, que nadie lo escuchaba. El propio intendente reconoció que ya no sabía qué más hacer. El problema es que la educación espera soluciones desde arriba. Y en cambio, la solución debe ser desde adentro y desde abajo. No podemos seguir esperando. ¿Realmente podemos seguir pensando que porque cambie un ministro o una ley va a cambiar la educación? Debemos responder a ese grito de los jóvenes. Ayudarlos a ser.